Cortinas de humo

Cada vez me sorprende más  la capacidad que tienen muchos gobernantes para meternos un palo por el culo y que no lo sintamos hasta que empieza a sangrar. Pero en estos tiempos que corren ya no me indigna casi nada en política y es algo que de verdad lamento. Echo de menos aquel joven inocente que tenía la capacidad de enfadarse y ofenderse con las barbaridades que se hacían en el ámbito político. Actualmente creo que lo único que me molesta es la ineficiencia. Voy más allá. Lo único que acabo admirando es la eficacia, independientemente de quien la esgrima y con qué objetivo lo haga. A estas alturas, donde la sutileza se ha perdido y todo es burdo y vulgar, donde las oligarquía se encuentran en zafarrancho de combate sabiendo que el chiringuito se les desmonta, donde los pequeños movimientos sutiles han dado paso a una ofensiva contra los derechos del pueblo, la facultad de crear bombas de humo es esencial para que la gente desvíe su mirada de todo este escándalo.

Las cortinas de humo son cada vez menos sutiles. Debemos aplicar una reforma laboral, intentemos meter preso al líder de la oposición; estamos recortando en gasto público, polaricemos un conflicto territorial; vamos a quitar derechos a sectores vulnerables, aumentemos la represión contra opositores.

Pero hay una fórmula de distracción que me ha parecido especialmente admirable. El ministro Esteban Bullrich de la República de Argentina, explicó a varios de sus socios en un video,  la táctica tan salvaje como eficaz que están aplicando como cortina de humo. Lanzar un montón de medidas antipopulares para que los sectores que no se encuentran unidos se centren en su causa y dejen las demás sin trabajar, además de aplicar un bombardeo constante de políticas que les impida reaccionar sin dejar alguna lucha de lado.  Las propias luchas sociales y laborales se convierten en cortinas de humo de otros problemas, desgastando a una oposición militante sin capacidad de reacción y saturada, sufriendo derrota tras derrota con alguna pequeña victoria parcial.

En muchas ocasiones estas medidas son mediocres y torticeras incluso para los neoliberales. Pero los medios de comunicación masivos, principales adalides de estas cortinas de humos, se encargan de darle un enfoque sensacionalista que les permita ganar millones y millones en publicidad. La verdad no vende. Vende la especulación, vende los debates de horas que no llevan a nada, vende el conflicto, vende el decirle a la gente lo que ya cree saber o sospecha. Eso es lo que genera dinero para los noticieros o los programas sobre política que actualmente tanta importancia han adquirido en la televisión. La cortina de humo no es solo una herramienta política sino un show muy lucrativo. A la sociedad actual le encanta ese producto y lo devora con avidez. Los grandes medios arrastran cualquier situación que deseen  a la agenda social independientemente de lo mal hecha que esté o de que incluso sea peligrosa para ellos. Se encargan de recortar el plano que debemos mirar para que no percibamos  nada más allá. De esta manera pasamos más tiempo debatiendo sobre los tipos que detuvieron en la marcha de forma ilegal y que dentro de unos meses soltarán que por el contenido de la marcha.

Los medios de comunicación masivos nos ofrecen mucho humo que aspirar. Pero igual que nadie tiene obligación de fumar, nadie tiene tampoco necesidad de tragarse la mierda que sacan de sus chimeneas mediáticas. Pero por desgracia, incluso aquellos que somos conscientes de ellos, nos vemos arrastrados a vivir en la ceguera que nos ofrecen y en la gran mayoría de las ocasiones, gastamos energías en discutir si el humo es verde o violeta en lugar de ofrecerle al resto una visión a través del propio humo de lo que hay más allá. En muchas ocasiones ellos son especialmente hábiles y controlan la fuerza del simbolismo, nos arrastran a dedicar tiempo y esfuerzo a cuestiones que no van a ayudar a la gente a salir del humo, pero que simbólicamente es terrible dejar de lado. Su capacidad de manipularnos es terrible y como no seamos lo suficientemente hábiles acabaremos intoxicados e intentando sobrevivir entre estertores mientras arruinan nuestro presente y nuestro futuro.